Ernesto Kenji Igarashi, especialista en seguridad institucional y protección de autoridades, explica que el verano de megaeventos que atraviesa el mundo en 2026, con estadios llenos por la Copa Mundial de la FIFA en América del Norte, giras internacionales batiendo récords de asistencia y un calendario brasileño de festivales en plena expansión, ha vuelto a situar la seguridad en eventos en el centro del debate técnico, un ámbito que reúne algunas de las operaciones más complejas y menos comprendidas de la seguridad contemporánea.
Para el espectador, un gran espectáculo exitoso parece algo simple: puertas que se abren, filas que avanzan, música que comienza y multitudes que regresan a casa. Para quienes lo operan, cada una de estas etapas es el resultado visible de meses de planificación invisible.
Esa invisibilidad es, de hecho, el propio criterio del éxito. La operación de seguridad perfecta es aquella que el público no percibe, porque percibirla significaría filas bloqueadas, controles excesivamente agresivos o, en el extremo opuesto, incidentes en desarrollo. Entre estos dos fracasos existe una estrecha franja de excelencia que combina ciencia de multitudes, inteligencia previa, coordinación interinstitucional y miles de microdecisiones tomadas por profesionales capacitados.
A continuación, abordaremos las distintas capas de esta ingeniería, desde el diseño del flujo de personas hasta la gestión de imprevistos, y explicaremos por qué la fase más decisiva de un evento seguro ocurre meses antes del primer acorde.
El evento comienza sobre el papel: ¿cuándo se diseña o se elimina el riesgo?
Todo gran evento seguro nace de un estudio de viabilidad de seguridad que precede incluso a la elección definitiva del lugar. La capacidad real frente a la capacidad comercial, las rutas de acceso y evacuación, el comportamiento esperado de ese público específico (un festival de música electrónica, un partido decisivo y un evento religioso generan multitudes con dinámicas completamente distintas), el historial del entorno y la interacción con la ciudad forman parte del análisis inicial.
Ernesto Kenji Igarashi señala que la mayoría de los desastres en aglomeraciones no se produce por fallos durante la operación, sino por decisiones de diseño tomadas meses antes, como vender más entradas de las que los accesos pueden soportar o ubicar atracciones de manera que se generen puntos de compresión.
En esta etapa también se construye la matriz de riesgos específica del evento, contemplando desde emergencias médicas masivas y condiciones climáticas extremas hasta amenazas deliberadas. Para cada escenario se definen desencadenantes, respuestas y responsables. El documento resultante, el plan operativo, no es una simple formalidad para obtener licencias; es la guía que sincronizará a cientos de profesionales de diferentes organizaciones el día de la operación.
La ciencia de las multitudes sustituyó la intuición de los antiguos responsables de acceso
La gestión de multitudes se ha consolidado como una disciplina técnica, con métricas objetivas de densidad por metro cuadrado, velocidad de flujo en corredores y comportamiento colectivo ante distintos estímulos. Se sabe, por ejemplo, que por encima de ciertos niveles de densidad, las personas pierden autonomía de movimiento y la multitud comienza a comportarse como un fluido, momento en el que caídas localizadas pueden evolucionar hacia aplastamientos en cuestión de minutos.
Por ello, las operaciones modernas monitorean la densidad en tiempo real mediante cámaras asistidas por análisis algorítmico y observadores ubicados en puntos elevados, autorizados para activar medidas de alivio, como la apertura de áreas adicionales y pausas técnicas en los espectáculos, antes de que se alcancen niveles críticos.

Igualmente transformadora ha sido la comprensión del papel de la comunicación con el público. Las multitudes informadas colaboran; las multitudes desinformadas entran en pánico. La diferencia entre ambos estados radica en pantallas gigantes, sistemas de sonido dirigidos y equipos capacitados para orientar sin generar alarma.
Ernesto Kenji Igarashi destaca que esta capacidad de conducir comportamientos colectivos mediante la comunicación, y no mediante la contención física, es hoy el rasgo que distingue a las operaciones maduras de aquellas que simplemente cuentan con un gran número de efectivos.
Bastidores, artistas y autoridades: el evento dentro del evento
Mientras el público ocupa la arena, una segunda operación se desarrolla entre bastidores: la protección de artistas, producciones millonarias y, cada vez con más frecuencia, autoridades y personalidades invitadas. Este circuito requiere un estricto control de acreditaciones, inspecciones previas en áreas restringidas, rutas exclusivas de entrada y salida, y una coordinación precisa con equipos de protección personal que llegan con sus propios protocolos.
La experiencia en protección de dignatarios resulta especialmente valiosa en este entorno, ya que combina discreción, planificación de desplazamientos y respuesta inmediata a incidentes sin interrumpir el espectáculo, competencias que Ernesto Kenji Igarashi identifica como cada vez más demandadas por la industria del entretenimiento en vivo.
Además, las acreditaciones se han convertido en uno de los vectores de riesgo más explotados, mediante credenciales falsificadas, prestadas u obtenidas a través de ingeniería social, lo que puede facilitar robos de equipos, acoso a artistas e incluso amenazas más graves.
Las operaciones más avanzadas han respondido con credenciales dinámicas, verificación biométrica en las áreas internas y auditorías de acceso en tiempo real, tratando el backstage con el mismo rigor que una instalación crítica.
El legado que dejarán los megaeventos de 2026
El actual ciclo de megaeventos está acelerando la profesionalización del sector tanto en Brasil como en el resto del mundo, impulsado por tecnologías de monitoreo inteligente, exigencias regulatorias cada vez mayores y un público más consciente de su derecho a la seguridad.
La tendencia para los próximos años es que organizadores, patrocinadores y aseguradoras comiencen a auditar la madurez operativa de los eventos con el mismo rigor con el que auditan las finanzas, elevando los estándares mínimos y valorizando a los equipos técnicamente calificados.
En este sentido, Ernesto Kenji Igarashi resume que el futuro del entretenimiento en vivo pertenece a quienes comprenden que la experiencia y la seguridad no compiten, sino que se fusionan, porque no existe un espectáculo memorable sin que todo el público regrese sano y salvo a casa.

