Entre los temas del ciclismo de carretera que interesan a Rolando Bonaccorsi, ingeniero informático con MBA ejecutivo, el entrenamiento por potencia ocupa un lugar destacado por una razón sencilla. El medidor proporciona un número objetivo, en vatios, sobre el trabajo que están produciendo las piernas en ese instante, sin depender de las sensaciones de quien pedalea ni del estado de ánimo del día.
El cambio de referencia es mayor de lo que parece a primera vista. Pedalear por sensaciones o por frecuencia cardíaca significa trabajar con información indirecta y retrasada, mientras que la potencia responde inmediatamente a cada pedalada. El ciclista descubre, a veces con cierta incomodidad, que el pedaleo que consideraba intenso era moderado y que la subida heroica duró poco más de tres minutos. El número no discute, simplemente registra.
Los vatios miden el trabajo y la frecuencia cardíaca mide la respuesta
La potencia es la causa y la frecuencia cardíaca es la consecuencia. Al atacar una pendiente, los vatios aumentan en el instante del esfuerzo, mientras que el corazón tarda algunas decenas de segundos en acompañar ese cambio. El calor, una mala noche de sueño, el café, el estrés y la deshidratación alteran la respuesta cardíaca sin modificar en absoluto el trabajo mecánico realizado por las piernas. Dos sesiones de ciclismo con la misma potencia pueden registrar frecuencias cardíacas muy diferentes.
Ambas mediciones juntas cuentan una historia más completa que cada una por separado. Como explica Rolando Bonaccorsi, la separación entre una potencia estable y una frecuencia cardíaca que aumenta a lo largo de una salida larga indica fatiga acumulada, calor excesivo o nutrición insuficiente. Es una información que ninguna de las dos variables, analizada de forma aislada, ofrecería con la misma claridad a quien planifica la semana siguiente.
Zonas de potencia y prueba de FTP
El principal punto de referencia es el umbral funcional, conocido como FTP, que corresponde a la potencia más alta que se puede mantener durante aproximadamente una hora. Rolando Bonaccorsi analiza la utilidad de este concepto como referencia, ya que las zonas de entrenamiento se definen como porcentajes del valor obtenido y no a partir de sensaciones subjetivas de esfuerzo ligero, moderado o intenso.
Las pruebas de veinte minutos, aplicando un ajuste al resultado, o los protocolos de rampa progresiva permiten estimar este valor con suficiente precisión para orientar la planificación. La reevaluación periódica es importante, porque entrenar con una referencia antigua mantiene al ciclista en una intensidad cómoda, una zona poco productiva que consume tiempo sin generar adaptaciones relevantes. La mejora de la condición física suele elevar el umbral tras unas pocas semanas de trabajo constante.
El ritmo de subida cambia cuando hay un número en la pantalla
En una subida larga, la tendencia natural es afrontar los primeros metros con entusiasmo y pagar las consecuencias más adelante. Con el medidor a la vista, el ciclista se da cuenta de que ha superado en un veinte por ciento el objetivo durante el primer kilómetro y aprende a dosificar el esfuerzo para llegar a la cima más rápido y con un menor desgaste. La diferencia se aprecia al comparar dos días de entrenamiento en la misma pendiente.
Las variaciones bruscas de potencia tienen un coste elevado en las pruebas de larga distancia. Rolando Bonaccorsi recomienda prestar atención al concepto de potencia normalizada, que pondera las fluctuaciones del pedaleo y revela un esfuerzo real superior al que indicaría la media simple. Esto ayuda a explicar un cansancio desproporcionado al final de entrenamientos que parecían tranquilos. Mantener un ritmo constante permite ahorrar la energía que se desperdicia con las oscilaciones.
El rodillo interactivo aportó precisión al entrenamiento en interiores
Los rodillos interactivos controlan automáticamente la resistencia y mantienen al ciclista en la potencia programada, independientemente de la marcha seleccionada. Una serie de cinco intervalos puede ser idéntica desde la primera hasta la última repetición, sin semáforos, cruces ni descensos que interrumpan el estímulo previsto para esa sesión. Una hora bien estructurada en el rodillo puede aportar más beneficios que dos horas de pedaleo sin un plan definido en la calle.
La precisión también exige cuidados específicos. Sin viento que disipe el calor, la frecuencia cardíaca aumenta más rápido y la deshidratación se acelera, por lo que la ventilación y la hidratación dejan de ser detalles secundarios. Rolando Bonaccorsi señala, además, la importancia de utilizar el mismo equipo de medición para comparar las sesiones a lo largo de las semanas, ya que los distintos medidores pueden producir lecturas que no son directamente comparables.

