La práctica de transformar activos operativos en fuentes de ingresos pasivos, que antes estaba restringida a unas pocas familias con un patrimonio muy elevado, se ha extendido en los últimos años entre empresas familiares de distintos tamaños. Rodrigo Gonçalves Pimentel, abogado, observa este movimiento como parte de una tendencia más amplia de reorganización patrimonial entre las familias empresarias brasileñas. Este tipo de reorganización refleja una mayor madurez en la forma en que las familias perciben sus propios activos, dejando de tratarlos exclusivamente como instrumentos para la operación del negocio y reconociéndolos también como una fuente independiente de ingresos.
¿Por qué esta transformación ha cobrado fuerza en los últimos años?
La maduración de las empresas familiares brasileñas, sumada al desarrollo de instrumentos jurídicos y financieros orientados a la gestión patrimonial, ha llevado a que cada vez más familias consideren la separación entre la propiedad de los activos y la operación directa del negocio. Los fundadores que se acercan a etapas más avanzadas de su vida y buscan reducir su participación directa en la gestión sin renunciar a los beneficios económicos construidos a lo largo de décadas figuran entre los principales impulsores de esta tendencia. El aumento del número de herederos que no desean involucrarse en la administración cotidiana de la empresa también ha contribuido a popularizar este tipo de reorganización patrimonial, ya que ofrece una forma de participación económica compatible con perfiles más alejados de la operación.

Sectores que más han adoptado este movimiento
Rodrigo Gonçalves Pimentel destaca que los sectores con una fuerte presencia de activos inmobiliarios vinculados a la operación, como la industria y el comercio minorista de gran escala, suelen liderar esta tendencia, precisamente porque concentran inmuebles de alto valor que pueden separarse de la operación directa del negocio. Las empresas de estos sectores encuentran en el arrendamiento formal de inmuebles operativos a la propia empresa un camino relativamente sencillo para transformar un patrimonio históricamente ligado a la operación en una fuente estable de ingresos para los propietarios, sin necesidad de vender el inmueble ni comprometer la continuidad de la actividad productiva.
Fondos y holdings como vehículos de esta tendencia
Las holdings familiares y los fondos de inversión en participaciones han funcionado como los principales vehículos jurídicos para hacer posible esta transformación, al permitir la centralización de los activos operativos bajo estructuras capaces de distribuir los rendimientos de forma organizada entre los miembros de la familia. Estas estructuras también facilitan la gobernanza de las decisiones relacionadas con dichos activos, reduciendo la dependencia de negociaciones informales entre los propietarios respecto a los valores de los arrendamientos o a la distribución de los resultados.
¿La transformación de activos en ingresos suele ser reversible?
Rara vez, una vez consolidada. Las familias que avanzan en este proceso difícilmente regresan al modelo anterior, en el que los propietarios mantenían una participación directa en la operación del negocio vinculada a esos activos. Rodrigo Gonçalves Pimentel señala que esta característica refuerza la importancia de una planificación cuidadosa antes de iniciar la reorganización. Las decisiones tomadas de manera precipitada suelen ser difíciles de revertir, y el costo de modificar contratos y obligaciones ya establecidos suele superar ampliamente el costo de haber planificado el proceso con calma desde el principio.
Perfil de las familias que más adoptan este modelo
Las familias que se encuentran en una etapa avanzada de profesionalización de la gestión, con herederos que ya no participan directamente en la operación cotidiana del negocio, tienden a identificarse con mayor rapidez con este tipo de transformación patrimonial. Rodrigo Gonçalves Pimentel señala que esta tendencia también se manifiesta con fuerza entre las familias que ya han superado al menos una transición generacional, momento en el que la separación entre la propiedad y la gestión operativa suele hacerse más evidente y necesaria, a medida que aumenta el número de propietarios y no todos mantienen un vínculo directo con la operación de la empresa.
El perfil de estas familias, más familiarizado con estructuras formales de gobernanza, tiende a considerar la transformación de activos en ingresos como una extensión natural de un proceso de organización patrimonial que ya está en marcha, y no como un cambio aislado o disruptivo respecto de las prácticas anteriores. Esto facilita la aceptación de la transformación por parte de todos los involucrados, incluso de aquellos más resistentes a modificar la forma tradicional de administrar el patrimonio.
¿Qué señala esta tendencia para el futuro de la gestión patrimonial?
El crecimiento de esta práctica refleja una tendencia más amplia hacia una mayor sofisticación en la gestión patrimonial de las familias empresarias brasileñas, que comienzan a considerar el patrimonio operativo y el patrimonio generador de ingresos como categorías distintas, cada una de las cuales requiere una estrategia de administración propia. Las familias que se anticipen a esta tendencia, organizando sus activos antes de verse presionadas por necesidades inmediatas de liquidez o por conflictos entre herederos, tienden a llevar adelante este proceso de manera más eficiente y menos costosa, preservando relaciones familiares que podrían verse afectadas por negociaciones realizadas bajo la presión de circunstancias ya consolidadas.
Rodrigo Gonçalves Pimentel considera que esta tendencia debería consolidarse en los próximos años, a medida que más familias reconozcan que separar la propiedad de los activos de la operación directa del negocio no debilita el patrimonio familiar, sino que crea condiciones más sólidas para que distintas generaciones y diferentes perfiles de herederos puedan beneficiarse de él de formas diversas y compatibles con sus propios intereses. Las empresas que se anticipen a este movimiento, planificando la transición con tranquilidad, tienden a evitar los costos y desgastes que suelen acompañar las reorganizaciones patrimoniales realizadas con prisa y bajo la presión de circunstancias ya consolidadas.

