Existe la creencia generalizada de que un número dentro del rango considerado normal en el índice de masa corporal (IMC) es sinónimo automático de buena salud metabólica. Lucas Peralles, nutricionista deportivo, señala que esta suposición ignora un fenómeno cada vez más estudiado por la ciencia, conocido como TOFI, sigla en inglés de Thin Outside, Fat Inside (delgado por fuera, obeso por dentro), que describe a personas con un peso y un IMC considerados normales, pero que acumulan una cantidad significativa de grasa visceral alrededor de los órganos internos.
Investigaciones recientes estiman que una proporción importante de los adultos con un IMC dentro del rango considerado saludable presenta, en realidad, niveles elevados de grasa visceral, el tipo de grasa metabólicamente más activo y asociado con un mayor riesgo cardiovascular. Ante este panorama, resulta evidente que confiar únicamente en el peso registrado en la balanza, o incluso en el IMC, puede generar una falsa sensación de seguridad sobre el verdadero estado de salud metabólica de una persona.
¿Por qué dos personas con el mismo IMC pueden tener riesgos de salud completamente diferentes?
La grasa visceral, ubicada profundamente en la cavidad abdominal alrededor de órganos como el hígado, el páncreas y los intestinos, se comporta de manera muy diferente a la grasa subcutánea, que se encuentra justo debajo de la piel. Estudios realizados mediante técnicas de imagen muestran que dos personas con un IMC idéntico pueden presentar volúmenes de grasa visceral drásticamente distintos: una de ellas puede concentrar gran parte de su grasa corporal de forma interna, mientras que la otra mantiene la mayor parte de la grasa en el tejido subcutáneo, con implicaciones metabólicas completamente diferentes en cada caso.
No es casualidad que esta grasa visceral libere sustancias inflamatorias directamente al torrente sanguíneo, interfiriendo en la sensibilidad a la insulina y aumentando el riesgo de enfermedades cardiovasculares, incluso en personas consideradas delgadas según los parámetros tradicionales. Lucas Peralles explica que este dato ayuda a comprender por qué algunos pacientes atendidos en la Clínica Peralles, a pesar de presentar un peso aparentemente adecuado, muestran alteraciones metabólicas en los análisis de laboratorio que normalmente se esperarían únicamente en casos de obesidad evidente.
¿Quiénes tienen mayor predisposición a este patrón de grasa oculta?
Las investigaciones indican que determinados grupos poblacionales presentan una mayor predisposición a este fenómeno, entre ellos las personas de origen asiático, que tienden a acumular una mayor proporción de grasa visceral incluso con índices de masa corporal considerados bajos. Además de los factores étnicos y genéticos, hábitos como el sedentarismo prolongado, las dietas restrictivas repetidas a lo largo de los años y una baja cantidad de masa muscular también aparecen de forma consistente asociados con un mayor riesgo de este patrón de composición corporal.

Al mismo tiempo, las personas físicamente activas que practican principalmente ejercicios aeróbicos sin incorporar entrenamiento de fuerza también pueden presentar este patrón, ya que la falta de una masa muscular adecuada favorece la acumulación de grasa visceral incluso cuando el peso corporal se mantiene bajo control. Según el análisis del especialista en comportamiento alimentario Lucas Peralles, este detalle, frecuentemente ignorado, refuerza la importancia de evaluar la composición corporal de manera integral y no limitarse únicamente al peso y la estatura.
¿Cómo evaluar la composición corporal con mayor precisión que mediante el IMC?
Métodos como la bioimpedancia eléctrica, la absorciometría de rayos X de energía dual (DEXA) y, en casos específicos, estudios de imagen más avanzados permiten estimar con mayor precisión la proporción entre masa magra, grasa subcutánea y grasa visceral. Aunque estas técnicas no siempre están disponibles en la práctica clínica diaria, medidas sencillas como la circunferencia de la cintura ya proporcionan información relevante sobre el riesgo metabólico y complementan de manera práctica la evaluación basada únicamente en el peso corporal.
Como destaca Lucas Peralles, la combinación de análisis de laboratorio, mediciones antropométricas y evaluación de la composición corporal ofrece una visión mucho más completa de la salud metabólica de cada paciente que cualquier indicador aislado.
¿Qué cambia esta comprensión en la forma de evaluar el propio cuerpo?
Reconocer las limitaciones del IMC como herramienta única para evaluar la salud beneficia tanto a quienes presentan un peso superior al considerado ideal como a quienes se encuentran dentro del rango normal, pero conviven con riesgos metabólicos ocultos. En ambos casos, el verdadero objetivo deja de ser simplemente alcanzar un número específico en la balanza y pasa a centrarse en construir un cuerpo con una composición realmente saludable, equilibrando una masa muscular adecuada con niveles controlados de grasa visceral.
En definitiva, Lucas Peralles sostiene que enseñar al paciente a comprender y analizar su composición corporal, y no solo el peso reflejado en la balanza, constituye una estrategia esencial para promover una salud metabólica más sólida y prevenir alteraciones que pueden permanecer silenciosas durante muchos años.

