Como menciona el P. Jose Eduardo Oliveira e Silva, la manera en que celebramos los misterios divinos tiene un impacto directo y profundo en la edificación de nuestra vida espiritual. La liturgia no es un conjunto de reglas frías, sino el suelo fértil donde nuestra creencia se enraíza o, lamentablemente, se desvía de la verdad. Si desea comprender cómo identificar las prácticas que elevan el alma y cómo evitar los peligros que pueden corromper su percepción de lo sagrado, continúe la lectura y descubra por qué la fidelidad al rito es el camino más seguro hacia una santidad auténtica.
La responsabilidad de cuándo la liturgia forma o deforma la fe
El culto cristiano es el lugar por excelencia donde el pueblo de Dios recibe instrucción sobre las realidades invisibles a través de signos visibles. Como explica el P. Jose Eduardo Oliveira e Silva, existe una conexión intrínseca entre la manera de orar y la manera de creer, de modo que cualquier alteración indebida en los ritos puede generar una comprensión equivocada de la doctrina. Cuando la celebración se conduce con celo y obediencia a las normas de la Iglesia, educa el corazón para la humildad y la adoración sincera. Por lo tanto, la cuestión de cuándo la liturgia forma o deforma la fe depende de nuestra disposición a ser moldeados por la tradición y no por nuestros propios deseos subjetivos.
¿Cuáles son los criterios para identificar cuándo la liturgia forma o deforma la fe?
La Iglesia ofrece directrices claras para garantizar que el culto permanezca fiel a la intención de su Instituidor a lo largo de los siglos. El filósofo Jose Eduardo Oliveira e Silva destaca que la belleza y la sobriedad son marcas de una liturgia que forma, pues señalan la majestad divina sin necesidad de artificios mundanos. Por otro lado, la deformación ocurre cuando el rito es tratado con descuido o cuando el subjetivismo del celebrante se impone al sentido eclesial de la oración. Analizar cuándo la liturgia forma o deforma la fe exige de cada fiel un amor profundo por el Magisterio y una atención vigilante a los símbolos que componen el rito.

¿Cuál es el papel del fiel ante cuándo la liturgia forma o deforma la fe?
La participación activa solicitada por el Concilio no significa agitación externa, sino una adhesión consciente y amorosa a lo que se celebra en el altar. Jose Eduardo Oliveira e Silva subraya que el laico tiene el derecho y el deber de buscar una liturgia que sea verdaderamente católica en toda su extensión. Entender cuándo la liturgia forma o deforma la fe capacita al pueblo de Dios para valorar lo sagrado y rechazar lo profano o banal. De esta manera, la actitud interior de reverencia es el mejor escudo contra las influencias que intentan secularizar el espacio sagrado y vaciar la fuerza de los sacramentos.
La búsqueda de la excelencia litúrgica debe ser una prioridad para todos los que toman en serio su vocación a la santidad
Como resume Jose Eduardo Oliveira e Silva, la renovación de la fe pasa necesariamente por la recuperación de la sacralidad del altar y por la fidelidad absoluta a los libros litúrgicos. Al reflexionar sobre cuándo la liturgia forma o deforma la fe, somos llamados a una conversión de mente y de corazón. Que nuestra participación en los santos misterios sea siempre un himno de gloria que nos transforme a imagen de Cristo, evitando que cualquier ruido humano apague la melodía silenciosa de la gracia divina.
Autor: Diego Rodríguez Velázquez

